Un solo corte, preciso, veloz, me libera de mis ataduras, me desplomo en cámara lenta mientras veo casi fotograma por fotograma como mi público abre los ojos y la boca con horrorosa expresión, ante el giro inesperado de mi ahora fallida ejecución, ¡idiotas confiados! exclamo casi igual de sorprendido, se jalan los pelos, se cubren los rostros, chocan entre si en vez de cubrirse y desenfundar, era de esperarse, algunos caen sobre sí mismos y agarran al que tienen más cerca para lanzarlo hacia mi o utilizarlo de escudo, otros manotean a su guardaespaldas intentando ponerse detrás, como un grupo de cucarachas que acaban de ser sorprendidas y emprenden retirada en orden de total desesperación.
Finalmente estoy suelto y están encerrados conmigo, mejor dicho están encerrados con nosotros.
Caigo de rodillas con las manos a escasos centímetros de mis armas, dispuestas, esperándome, en la misma dimensión, su peso me dice que están cargadas, esto no esta improvisado, detrás mío escucho el sonido característico de una Sig Sauer P226 que sensualmente escupe metal al ritmo de Frankie Valli, la pieza claro está en mi mente pero se me ocurre como el fondo perfecto para el desenlace final, me motiva su inconfundible sonido al percutar que me vuelve a la velocidad real en un crescendo de júbilo, no lo voy a negar, yo también empiezo a repartir plomo entre los comensales de mi lado, los guardias como siempre se sorprenden más y en estos casos son los menos dispuestos a morir valientemente por una tarifa, hay de todo, es la primera vez que no me molesta ver a un inutil luchar con la funda de su arma o con el jefe que quiere quitarle la pistola, son muchos pero no estoy solo, ¡diablos!, por lo más sagrado creí que era mi fin - sonrío maliciosamente - pero no fue así, ella dispara a mis espaldas y cada disparo lo hace en una perfecta cadencia que yo intento imitar, seguirle el paso mientras dirige con precisión su ópera prima, los gritos de dolor o golpes secos que dan sus objetivos en su encuentro final con el suelo suponen la base para esta danza mortal y como una pareja en la pista de baile nos desplazamos en total armonía, giramos, cambiamos de lugar, hacemos piruetas completamente sincronizados al compás del torrente de metal que vertimos en todas direcciones, tiene una puntería de primer nivel, no!, es perfecta, no erra ni desperdicia una sola bala, las distribuye equitativamente entre cada infeliz dejándolos inutilizados o listos para llevar según sea el caso, y no puedo negar que yo también estoy en mi elemento, el dolor en mi costado ha liberado la suficiente adrenalina para mantenerme completamente despierto, enfocado y la emoción de compartir mi afición por la violencia con alguien que ahora definitivamente entiendo es mi alma gemela, me eleva al valhalla o algún lugar donde solo se entra con el ticket en la mano..
La observo como un entusiasta naturalista que observa su primera cacería salvaje, ella tensiona cada músculo, afina sus sentidos, mueve la cabeza ligeramente hacia adelante, sus ojos ligeramente fruncidos, fijos, su silueta es elegante y finamente agraciada, declara sin espacio a la duda que es una fiera letal, una tigresa, mortal, feroz, sexy, depredadora - cargando - me dice y procedo a apuntar hacia ambos lados acercándome a ella mientras toma un par de cargadores modificados para nutrir sus armas pasando al otro lado por debajo de mis brazos, rodeándome, inundando mis sentidos otra vez con su aroma embriagador. Quedan solo dos - me dice apuntando con un movimiento de cabeza donde se pertrechar un par de princesas - asiento mientras la miro de arriba a abajo, sorprendido, alegre, enamorado - ¿son míos? - por supuesto - le contesto sin dudar, se que puede sola - yo iré por Vict - estoy por decirle el nombre de mi martillo - yo iré por mi martillo - cochino - me responde estirando la sílaba central que siento me sonroja - te vas a divertir con Victor - lo dice con el mismo tono que usó cuando estaba noqueado - que dulce que es - me quedo quieto mientras la veo ir por los rezagados - hablas dormido - me contesta coqueta - de pronto no me molestaría que al terminar todo esto me azote, luciría las cicatrices con orgullo.
Fue un día interesante, hace mucho que no uso a Victor para tener charlas serias, honestas y productivas, mucho menos con testigos y por sano esparcimiento.
El caso es que me preguntó porque uno de los matones estaba pintado como un rompecabezas
Y así nos pasamos la tarde preparando regalos para gente que necesita recambios y mirándonos pícaramente el uno al otro.
Victor se quedó en la banca.
El filoso y frío metal se deslizó por mi piel nuevamente, esta vez aguja e hilo para cerrar una herida
Entonces le respondo
FIN