Un Amigo Imaginario
Fecha de publicación: 19/04/2023
Desde hace días, estamos atrapadas sin poder avanzar en ninguna dirección. Me siento frustrada por tener que permanecer tanto tiempo en el mismo sitio, repasando continuamente mi ruta de escape, aunque por el momento aún es un lugar seguro.
La entrada está bastante bien escondida y por suerte, hasta ahora no han conseguido encontrarla, los he visto pasar de largo. Aunque me siento frustrada debo estar agradecida, corrimos con mejor suerte que la mayoría de las personas de esta ciudad. Mi novio pensaba que la ventaja estaba en los números, pero no aquí. Ahora mientras menos personas mejor, menos torpes llamando la atención y sentenciándote a muerte. Mi Drika es la única compañía que necesito. Es una pastor alemán que aprendió a no ladrar y sin hacer ruido me avisa dónde están esos malditos. ¿Cuántos han muerto por no poder evitar un grito o por creer que sería fácil esquivarlos o eliminarlos? Pero mi hermosa Drika es mucho más astuta, sus instintos no la traicionan. La verdad es que soy yo a quién le tomó algo de tiempo aprender a no cuestionarla.
Con algunos vecinos y amigos en el edificio nos organizamos para defendernos. Duramos cuatro días así, contando el día en que esos idiotas nos abandonaron a nuestra suerte. El aburrimiento se apoderó de algunos, y con unos tragos de más, creyeron que estaban en una película o en un videojuego. Se sintieron invencibles y pensaron que podrían eliminarlos con facilidad. Un golpe certero en el cuello o en la cabeza con espadas que no tenían y fin de la historia. ¡Un Headshot! es como lo llamaban, imbéciles.
Improvisaron armas, colocaron clavos en palos y envolvieron bates con alambre de espinas, incluso les pusieron nombres. No se les ocurrió que así se les engancharían con más facilidad y tampoco pensaron qué harían si algo salía mal. Si tan solo hubieran metido sus ideas en su trasero, estarían vivos y yo tendría un novio. Era un chico dulce, a veces demasiado inseguro, pero tierno. Por eso me aleje de allí. Ahora su rostro luce como el de un demonio y es la única imagen que viene a mi mente cuando pienso en él. A pesar de eso lo extraño.
Todavía sigo intentando salir de la ciudad. Creo que ya van cinco o seis meses que busco la forma de abandonarla, no estoy segura, es difícil seguir el tiempo cuando se pasan días a oscuras atrapada en algún basurero, callejón o donde sea que te acurrucas y aprietas rogando por que no te encuentren, o como ahora que estoy en mi refugio cuatro días sin poder salir. No consigo avanzar mucho, a veces son tantos que no puedo siquiera asomarme a la calle por días. Ahora me da la impresión de que se han dispersado de una forma más pareja y uniforme por toda la ciudad, pronto veremos si eso es bueno o no.
A veces pienso que esta será mi tumba, nuestra tumba.
Una vez nos quedamos en casa dos semanas sin poder salir y casi sin dormir, podíamos escucharles claramente al otro lado de la pared, cuando se movían o peor, cuando se detenían tratando de escucharnos. Aún despierta, podía imaginar cómo me atrapaban, desgarrándome a mordiscos y con las manos en la boca luchaba por aplacar el llanto y las ganas de gritar, Drika me ayudó mucho, la notaba asustada e inquieta intentando salir, dos semanas casi paradas en el mismo sitio, por eso abandonamos ese lugar. Es de locos como esos desgraciados se mueven como una gran marejada, al unísono, prácticamente de un lado de la ciudad al otro, al menos hasta donde se alcanza ver, un ruido fuerte, una tormenta, un grito, incluso una lata arrastrada por el viento, es suficiente para que comience su danza macabra, como custodios buscando a algún reo dado a la fuga.
Lo malo es que nuestros carceleros no duermen y tampoco se cansan, detienen su marcha después de un rato que nunca es el mismo y quedan alertas, siempre alertas y muy atentos, por lo que es imposible adivinar una ventana para moverse. Hay muchos cuerpos en el suelo, inmóviles, sin párpados, a veces con los ojos reventados, podridos e incluso sin rostro, con una apariencia de que no se levantarán otra vez, pero están ahí, esperando, listos para dar la alerta y mandar a la horda sobre ti. También hay unos que no hacen ruido al caminar, mientras merodean al son de la manada, de andar lento casi agraciado, no arrastran pies, son realmente lentos como tortugas, pero avanzan bastante más de lo que una se pueda imaginar. Apenas emiten ese gruñido enfermo y desquiciante, pero mi Drika los siente, frena en seco y no ladra, se pone en guardia. Veo la agresividad en su cara, la forma como se dispone, contenido pero lista para atacar. Entonces sé que no debo continuar.
Otras veces me ha dado grandes sustos cuando mira fijamente en una dirección, atenta, expectante, pero no se pone en guardia. Es como si hubiera alguien ahí que conoce o no sé. Levanta la cabeza y para las puntiagudas orejas, meneando la colita, mientras yo busco qué demonios mira sin encontrar nada. Me aterra verla hacer eso. La piel se me eriza y ha conseguido que casi no hable conmigo misma en voz alta. Temo que alguien me pueda contestar.
Por estos días tuve que quedarme en casa pero hoy terminó mi periodo y ya podré salir, no sé como pero la sangre les atrae y no cualquier sangre, la de algo vivo, así que desde hoy tengo veintitrés días para moverme sin problemas pero mi Drika se debe quedar.
Será una visita rápida a la tiendita que encontré hace unos días, estaba escondida en mi ruta habitual, quizás uno de los niños abrió la puerta o alguien más intentando entrar porque no la vi antes, no lo sé, pero tenerla tan cerca es un alivio, no quiero volver a pasar una noche afuera buscando comida, por eso quería traerla toda pero al fin de cuentas, dudo que haya alguien vivo cerca, he estado estos días mirando desde mi ventana, los hediondos merodean las calles y sus pedazos que se mueven, es asqueroso, pero además de ellos solo bolsas de plástico merodean seguras por la ciudad, incluso los perros, los gatos y las ratas han dejado el lugar, quien pensaría que estas cosas serían expertos atrapándolas.
Todo está en su sitio tal como lo dejé, este lugar fue ignorado por los saqueadores hasta que yo aparecí, ahora es todo mío bien, unas papitas, jugo de limón y... y... el sonido gutural de unas gargantas expuestas me saca de mi alegre estupor lo siento peques digo en voz baja y casi me muerdo la lengua, me apena ver a dos niños reducidos a eso, veo partes de ellos y las evito, en cuanto me sientan comenzarán a moverse, dudo que sean un peligro mientras mantenga la distancia. Lleno mi mochila con galletas de agua y de las ricas, esas con crema y chocolate, como lo amo me comeré todo el chocolate de esta tienda mentalmente repito victoriosa mientras cargo comida para mi compañera, y mi celebración se interrumpe por el tintineo de las campanitas de la entrada, alguien acaba de irrumpir, no es torpe, está vivo.
La sorpresa no dura mucho, fracciones de segundo y me escondo en un pequeño cuarto donde guardan las escobas, tengo cuidado, soy cautelosa y no hago ruido, eso cuesta caro, mantengo la puerta entreabierta y apoyo mi mano para no balancearla. De pronto una duda me asalta ¿me habrá visto entrar? o quizás ¿me está siguiendo? idea que me aterró por un instante, pero entró por el frente, quizás es mi imaginación solamente, la curiosidad me venció, además no hay electricidad desde hace días así que la oscuridad me protege.
Le escucho claramente, es torpe, debe ser un muchacho pienso aterrada, quiero salir corriendo pero no puedo actuar, los pequeños comienzan a moverse y hacen ese odioso sonido que me asusta y las ganas de correr me abruman, entonces el muchacho deja de hacer ruido, los ha escuchado también, seguro viene hacia aqui, aguzo el oido, mientras intento imaginar que es lo que hace abre la puerta, ¡idiota! repito para mi te van a atacar claramente parece que no ha estado fuera mucho tiempo, pero han pasado meses, nadie estúpido que no estuviera bajo una roca esta con vida. Los niños están cerca de la puerta, los deje donde estaban la primera vez que los vi cuando encontré este lugar, me parecieron repugnantes y a la vez útiles para custodiar esa entrada.
El muchacho abre la puerta lentamente, claramente es un manojo de nervios, pánico y terror, se detiene en la puerta y mira, es cauteloso y mantiene o trata de mantener la compostura, lucha contra sus instintos básicos, eso es bueno a veces pienso para mi, hasta que ve a los niños entre las cajas y el desorden, su coraje se desvanece cuando uno de los niños se mueve hacia el, pobre, es demasiado, no lo juzgo, yo también vomité. Cierra la puerta y le escucho botar su desayuno, acomodo mi mochila y empuño mi cuchillo para salir, no parece peligroso pero nada es lo que parece, vete pienso para mi y obedezco instintivamente, entonces el idiota entra envalentonado con una cara de pena y el pequeño que se mantenía inmóvil y callado, de algún modo se impulsa y se le abalanza, casi suelto un grito no, no es tu problema, no es tu problema, esta demasiado lejos aqui ayudar cuesta caro y eso lo tengo muy claro, mi humanidad esta en cero y me ha mantenido con vida, para su mala suerte el hueso parece que se le clava en la pierna, o el pie, si, ha sido en el pie, el chico se da cuenta y vocifera no se que, es su sentencia de muerte si ha sido rasguñado. Los sonidos de esos cuellos cercenados suenan como nunca pensé que lo harían, parecen gritos, una llamada de auxilio ¡aquí están! vengan todos así suena para mi y no debato la idea, es hora de desaparecer, me deslizo con todo el cuidado que tengo, miro en todas direcciones, no quiero rozar nada por error que nadie sepa que estás aquí es la consigna, doy un último vistazo atrás, me detengo un segundo y escucho que el muchacho hace algo, toma cosas, se cura, no importa, hace mucho ruido, no es buen lugar para estar. Ojalá estés bien Le deseo suerte y no sé siquiera por que, esta sentenciado a muerte.
Me alejo del lugar con presteza, se oyen no muy lejos algunos aullidos o rugidos, me es difícil describir ese sonido, su comportamiento es más predecible y fácil de entender, me detengo a escuchar y dejo que mi corazón se calme, no se oye nada peligrosamente cerca malditos profiero entre dientes mientras me tapo la boca con una mano, escucho a la turba moverse como una vibración o mejor dicho un murmullo a la distancia y pienso ya encontraron a alguien para corregirme después alguién se dejó encontrar ¿habrá sido aquel muchacho? espero que no aunque era en su dirección, parecía decente.
El extraño de la tienda me hizo sentir pena y recordé a los que he perdido, camine con pasos vacilantes al inicio, pensé en mi novio, sus amigos y sus chicas, idiotas, pobres idiotas, todavía a veces me visita en sueños el día de su muerte, en todos ellos trato de sostener su mano pero estaba muy mojada por el sudor y la mía por las lágrimas.
Estaba en el techo de un autobús viejo y sin ruedas que descansaba sobre enormes troncos, tomando el sol después de que mi novio, jugando conmigo por un rato, decidiera asustarme y dejarme allí con mi perra. No fue idea suya, así que me quedé protestando entre dientes, pensando en todo lo hiriente que le diría. El lugar estaba demasiado alto para mí, le pedí volviera a colocar la escalera y me quedé furiosa y esperando. Cuando se envalentonaron y abrieron la puerta, gracias a su estúpida broma, no me alcanzaron, gracias a eso. Vi todo lo que les hicieron, al principio parecía que lo conseguirían, golpeaban vigorosamente y salieron hasta la calle, usaban las barandillas de tránsito para derribarlos y darles la estocada final, alcance a escucharlos contar, entonces pasó. Lo vi primero en sus ojos; el miedo creció a medida que llegaban más y más mientras les hacían retroceder hasta volver donde comenzaron, fueron solo un par de horas y ya lucían muy cansados. Se rompieron los bates, pero no les quedaba otra que seguir hasta que cayó el primero en medio de gritos de auxilio y dolor. El terror se apoderó de ellos al comprender su error demasiado tarde. Cerraron la puerta que no aguantó la embestida de tantos. La desesperación de darse cuenta de que estábamos atrapados con los muertos en la única entrada y salida les desfiguró los rostros por el horror cuando la puerta cedió. Algunos se tumbaron en posición fetal, resignados a morir. Otros trataron de subir, y no pude ayudar a ninguno. Una niña me miró a los ojos con expresión de pavor y corrió hacia mí, pensando que la señal de vete era un ven aquí. Cerré los ojos pero no pude hacer lo mismo con los oídos. Mi Drika ladró dos días sin dormir hasta ponerse afónica. Nunca creí que le podría pasar eso a un perro. Eso los mantuvo alrededor del autobús y más de una vez pensé que sería nuestro fin. Pasamos cuatro días con mi Drika, esperando que nos atrapen y rogando porque se fueran. En ese techo roído y despintado aprendió a quedarse callada, y yo que la sed y no pensar bien las cosas también matan. Dos días de vendaval nos salvaron la vida. Los dispersó lo suficiente como para que pudiéramos salir de ese lugar en dirección opuesta a donde se fue mi novio. Allí descubrí que se vuelven locos con las tormentas, locos e imprevisibles. No es posible adivinar a dónde irán; caminan erráticamente en todas las direcciones, atacan lo que se mueve o hace ruido, aunque sean ellos los que golpean. Si chocan con una puerta o un bote de basura y este suena o cede un poco, comienza el feroz ataque. Entonces, entran en un estado de frenesí total. También se atacan entre sí a veces. Definitivamente, la ciudad no es un buen lugar para estar.
Camino a casa unas catorce o quince cuadras que serían como la mitad si no tuviera que evitar el enorme parque. Hubo mucho caos allí, fue un matadero ahora es un muladar indescriptible, se escuchan ruidos que solo se oyen ahí. Las lluvias apenas se han llevado la sangre que manchaba hasta las paredes. Es mejor no pasar por allí, además, algo me dice que en ese lugar me observan, lo he sentido en otras partes pero no como en el parque, tal vez es solo el miedo que alimenta mi imaginación que ahora tiene horas y horas para pensar, tal vez estoy enloqueciendo. Mientras camino siento que la manada se detiene y yo también lo hago hasta que reanuden la marcha si es que no puedo desviar.
Tengo una ruta segura para ir al sur, norte, este y oeste de la ciudad, por lo general busco barrios cerrados de gente acomodada, esos fueron los primeros en marcharse cuando todo comenzó, dejando sus casas vacías y aprovisionadas, quiero decir que guardaron todo menos la comida; Muros altos y portones reforzados soportaron un poco más que los edificios y las casas menos seguras, en especial donde no quedo nadie que motivara a los muertos a entrar.
Siempre me asalta la gran idea de lanzar una botella para alejar a los que me cierran el paso ¡Esa idea de mierda te va a matar! Me reprendo. Recuerda, recuerda, recuerda lo que hacen las grandes ideas, me increpo con los puños apretados contra la cabeza. Que nadie sepa que estás aquí, otra vez idiota. Que nadie sepa que estás aquí. Eso me tranquiliza y desacelera, cuando estoy afuera siempre tengo ganas de salir corriendo, escapar a cualquier costo, quedarme quieta me pone de los nervios. Intento calmarme, se que si me descontrolo no pasará otra vez, aún asi puedo sentir cada ruido cercano en el fondo de mi ser, aterrándome y ya tengo demasiado miedo para soportar un poco más aunque no me quede otra.
A la mala espero lo que haga falta. Si tengo que rodear, trepar o arrastrarme lo haré. Mientras tanto aguardo y estoy alerta, pienso en los días que mi Drika tardará en recuperarse, los que ojalá no sean muchos. Su patita está lastimada y siento que tarda demasiado tiempo en sanar. Todavía cojea y verla así me recuerda que no tengo nada además de agua, jabón y trapos para curarme una herida, pero por ahora la comida es suficiente. Un sonido de fondo parecido a un vehículo tratando de arrancar suena un par de veces y reanudan la marcha. Yo también me dispongo a caminar y aprieto el paso hasta llegar a casa. Alguien ha llamado a la mesa.
Mi hermosa Drika siempre me recibe como solo ella sabe hacerlo. Mueve la cola y evita ladrar cuando la saludo, diciéndole hola bonita. Se emociona y gime cuando le muestro lo que le traje, y mueve la cola emocionada mientras le doy unas galletas sin sabor que le gustan mucho. Le digo come bonita, come y la miro a los ojos, ella sabe que no debe hacer ruido desde aquel día en que nos quedamos juntas por cuatro días. Cierro la puerta y la cubro con un sleeping para ahogar el ruido que hacemos dentro, luego me siento en el suelo y como junto a ella.
Me preparo para ir por más suministros, vacío mi mochila y alisto un morral para cosas pequeñas, si, mañana intentaré hacer dos viajes pienso optimista pero se que con uno basta raciones secas musito y anoto en una lista, mi Drika me mira como si entendiera si bonita, todas las que encuentre y tus galletas y anoto enseguida galletas para mi Drika y azúcar para mi. Miro mis brazos, delgados, demasiado y trato de no pensar pero es inevitable, antes pesaba sesenta y cuatro kilos, ahora debo pesar unos 15 kilos menos, no es mucho lo que puedo cargar, quisiera quedarme aquí y subir algo más de peso antes de irme, pero ya no soporto este muladar. Batallo conmigo misma desde que encontré ese tesoro, quedarme unos días más, una semana al menos no olvides el canal mi voz interior me recuerde el canal mierda me agarro la cabeza y hago como si me peinara para atrás el cabello que ya no tengo, suspiro y los niños de la tiendita me recuerdan otra vez el puto canal.
Guardo mi lista y enciendo un cigarrillo antes de dormir, un vicio que me matará como casi todo lo que hay allá afuera, pero lo vale, me tranquiliza, aspiro rítmica y suavemente, para lanzar una bocanada de humo largo y controlado, estoy lista para dormir, mi Drika como siempre me reconforta, sin ella habría perdido la razón dios mio, no me dejes soñar es mi única plegaria.
Me despierto asustada y transpirando, fue un mal sueño pero no hago ni el intento por recordar, mi Drika levanta la cabeza y mueve su colita cuando me mira a los ojos, solo veo el brillo y me reconforta perdón por despertarte chiquita, perdón le repito mientras la acaricio para calmarme yo, me incorporo y reviso mi piso rogando que no haya nada cerca, solo sombras, aún está oscuro y no tengo idea de la hora, el reloj de pared que es el único que tengo se quedó en las cuatro en punto, seguro acierta dos veces pero yo no sé cuando. Tomo agua de un balde, agua de lluvia y me lavo la cara maldito canal repito para mis adentros, después en voz susurrante idiota me espeto mientras recuerdo claramente ese aciago día.
Caminé por horas buscando comida, una tormenta me mantuvo encerrada dos días y tres noches, asi que salimos a reabastecernos como siempre, irrumpiendo en casas y locales, toda la comida que no estuviera enlatada estaba podrida, pero mi astuta compañera me guiaba infaliblemente hacia lugares donde encontrábamos algo que saquear siempre cerca de nuestra ruta habitual, aquella tarde que moría ya sin electricidad nos obligaba a regresar temprano, la voz de mi madre repiqueteaba en mi cabeza llega temprano seguido de un automático si mamá, en ese momento, cuando estaba a punto de rendirme y regresar vi el canal cruzando la calle al final de la bajada, un boquete inmenso en el canal para el agua de las lluvias reparaciones pensé mientras miraba que tan seguro era acercarme, en el medio del enorme cauce, expuestos se batían en unos diez centímetros de agua muchos peces, comida celebré entusiasmada, mi Drika en ese momento se detuvo, no quería seguir, mierda como no hacerle caso, ella me siguió titubeante unos pasos y se quedó atrás, yo apreté el paso para tomar los que pudiera y volver corriendo a casa, la noche estaba encima y las sombras crecían cada vez mas amenazantes anunciando que era hora de buscar refugio, termine de sacarme la camiseta para usarla como malla de pesca y estando a unos pasos a punto de bajar al mismo canal pude ver claramente, no eran peces.
Ya no puedo volver a dormir, enciendo otro cigarrillo, ahora tengo suficientes para abusar un poco, mi Drika me llama gimiendo y moviendo la colita, esconde su cabeza apretándola contra la cama, veo su silueta y le mando un besito pero me quedo sentada calando mi cigarrillo mentolado y otro sabor que no entiendo pero me gusta, me gustan todas las mezclas, azul con verde, verde con lila y lila con azul, todavía olvido apretar las pastillas o a veces no las puedo reventar y ya, lo fumo como está.
Por la rendija de la ventana se cuelan los sonidos desde afuera así es como debe sonar el infierno repito al tiempo de exhalar y me abrazo, tengo los pies en la misma silla, la oscuridad no ayuda a aplacar los tenebrosos recuerdos, por lo que me obligo a no cerrar los ojos y a enfocarme en los sonidos que parecen más cercanos, pero tarde o temprano me vuelvo a acordar.
No sé cuanto tiempo me quedé mirando el agua incrédula y asqueada por su contenido, debió ser al menos un minuto, demasiado tiempo para estar parada en medio de la calle en esta ciudad con la noche encima, me desplomé mientras me tapaba la boca con la camiseta sucia para vomitar sin hacer ruido, eran pedazos de gente, manos, pies, partes de la anatomía que jamás habría pensado que podían chapotear, todas ahí llevadas por la lluvia.
Fecha de publicación: 19/04/2023